lunes, 27 de abril de 2015

Lo que pasó después de que llegaste.

Un toc toc a la puerta y mi cuerpo se movió solo. Al abrir la puerta que sonaba como matraca infantil, me encontré con la muerte. La saludé. Ella vestida de oscuridad y sangre me besó. Yo escuché el sonar de su beso y me convertí en fuego. Me quemaba por dentro pero aún así le ofrecí un vaso de melancolía y deseo. Se lo serví en mi cocina y llegué al sofá donde se sentó. Todo muy rápido. Ella bebió cinco tragos y yo me tomé un vaso de agua, porque no me quería morir tan rápido. La luz de la fogata y mis lámparas alumbraban un comedor de color café claro y muebles color café oscuro. Habían tragos exóticos en mi barra de bar también. El olor a habano y alcohol dominaban al oxígeno puro. Una nebulosa rodeaba a la sedienta de sangre. Me envolvía en sus brazos oscuros y su olor a traición me condenaba. No supe que hacer y comenzamos a morir juntos. Ella me invitaba a morir y yo le decía que si quería, pero que además amaba a mi persona. Y me preguntaba "¿De quién te enamoras cuando sabes que nadie te va a amar?" Y yo le respondía que me iba a enamorar de mi mismo, porque de otra manera me iba a casar con ella. No me entendía ni a mi mismo, sus labios ya tocaban mi cuello y la danza de la muerte comenzaba su obra. La oscuridad y la penumbra llamaban a la puerta de mis lagunas mentales y el guardia del dolor abrió la puerta. Entró todo. Un tsunami con una ola oscura extirpó el amor de mi mente. Ya no sabía amar, solo sabía odiar. Odié a la muerte y comencé a combatir con ella dentro de una batalla de mares azules y oscuros. Las olas peleaban entre si y nuestros buques se disparaban balas de luz y oscuridad. Qué batalla, el viento estaba incontrolable y se presentó en un tornado, invitándonos a participar de un huracán de sentimientos. El viento dueño de todo el hecatombe, nos atrapó y nos envolvió a los dos. Explosiones de odio y después de reventar todo, comenzó a llover de color oscuro. Al despertar me di cuenta que estaba solo en mi bote de la laguna. Era de noche, como siempre. Me sentía raro, pero después de ver a la luciérnaga del último sentimiento en salir de la puerta, me di cuenta de algo. Ya no sabía amar. Solo sabía odiar.

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-Verse

Invitados:
Matiah Chinaski - Foto en la pared.
Mantoi - 32 Días.

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