Hay mucha gente que piensa, "quizás ya es muy tarde" o "no tengo el tiempo suficiente".
Ayer un gran amigo, incluso, desilusionado del amor, me dijo que tiene ganas de ser padre, de tener cabros chicos en algún futuro. Le comenté que su plenitud actual la ha concretado en base a los porrazos de la vida y a un subidón de autoestima necesario. Una de nuestras virtudes es la edad. Somos tan jóvenes que tenemos un futuro enorme por delante.
Rato después me quedó dando vueltas en la cabeza esa respuesta. Como si lo hubiese vivido también.
Tomé muy malas decisiones a temprana edad. Sufrí harto, pensé.
Una cosa es tener dolencias y otra muy distinta es sufrir. He tenido de ambas y sé lo que significa sufrir. Por supuesto que a los 30 ya nadie quiere sufrir. Pero la vida me ha enseñado que hay cosas peores. Hay frases íntegras, como "siempre se puede estar peor". O esa se parece un poco a "he estado peor". Son distintas pero ambas tienen que ver con reconocer que hay daños que marcaron un antes y un después.
La suerte nunca se olvida.
---
Es bonito recordar sin tener una pizca de llanto. Un gran amigo me recordó que ni siquiera me podía subir al metro, pero no por tener impulsos suicidas, sino por tener una mente dañada más allá de lo irreparable. Llegué a considerar un pasamanos como una estructura en la que quizás ambos pudimos habernos afirmado. Releo y pienso en lo idiota que fui. Pero creo que todas y todos tenemos aquella licencia de la ignorancia sobre el amor, esa que todos obtenemos cuando se trata de querer a alguien.
Veo en todas las redes sociales a la gente compartiendo sus logros, sus metas, que siempre se tratan de un problema del pasado. Nunca estuve "solo". Siempre fue evitable sentirlo pero las recaídas existen para recordar que las cosas no están bien. Hay que curar cada herida que se mantenga abierta.
Dos inviernos más tarde la piel la cambié por completo. Ya no soy tan reluctante al verano ni a estar solo. Aún después de tanta mierda sigo prefiriendo los inviernos.
Dejé los cigarros. Dejé los malos hábitos de casa. Logré que mi abuela pudiera ver el fitoplancton, después de ochenta y cinco años.
Dejé los cigarros. Dejé los malos hábitos de casa. Logré que mi abuela pudiera ver el fitoplancton, después de ochenta y cinco años.
Siempre puedo volver a sentarme a recordar y plasmar los éxitos y logros que me he planteado.
Mis próximas hazañas serán la travesía del guanaco y La Giganta.
Me insistiré hasta el final que no existe cumbre que se aleje de mí.
Porque ahí he llegado solo.
Sin la ayuda de nadie.
De eso se trata.
Sólo ir.
Porque ahí he llegado solo.
Sin la ayuda de nadie.
De eso se trata.
Sólo ir.